Vive tu sueño… Vagón imperial del Museo Técnico de Viena

Cuando estaba en Bad Ischl montando a caballo con mi silla de amazona acompañada de 8 Husares por los terrenos de la Kaiservilla en dirección a Jainzen, pensé que no podía haber nada que superara ese momento.

El dicho „no sueñes tu vida, si no vive tu sueño“ le pega a pocas personas tanto como a mí. 

Yo caminé en soledad por los jardines del palacio de Trauttmansdorff, paseé en carroza por el parque de Schönbrunn y disfruté del atardecer desde el parque del palacio de Laxemburgo.

Estos últimos años he vivido incontables momentos tan inolvidables como estos.

Pero algo era irrealizable, algo que incluso en mis fantasías era solo un sueño:

El vagón imperial de la Emperatriz Elisabeth.

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Foto: Charlotte Schwarz/ Fotografin 2017

Desde mi infancia, me fascinan no solo los carruajes y todo lo que tenga que ver con ellos, si no, además, las locomotoras de vapor.

Seguramente me venga de ahí mi amor por el Tren Imperial, el pequeño tren de vapor que cada verano llega a Bad Ischl trayendo a sus insignes viajeros al lugar de veraneo que tanto amaba el Emperador.

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Foto: Charlotte Schwarz/Fotografin 2017

En el Hofburg de Viena se ha reproducido el vagón-salón de la Emperatriz con mucho mimo para el Museo Sisi.

¡Pero el original se encuentra amorosamente custodiado en el Museo Técnico de Viena!

Con la construcción de la vía férrea en la monarquía del Danubio, se hizo necesaria la contrucción a su vez de vagones especiales para uso de las clases altas, especialmente de la Familia Imperial.

El primer vagón imperial austríaco circuló por el tramo entre Praga y Ölmutz que se había inaugurado en 1845. El vagón del Emperador se distinguía claramentede los demás vagones por su fastuosa decoración en tonos dorados y por el uso de la corona y las armas imperiales.

Este vagón costó 30.000 gulden, que hoy en día serían ¡unos 417.550 €!

También el resto de compañías ferroviarias, como la Kaiserin Elisabeth Bahn o la Kaiser Ferdinand Nordbahn, tenían sus propios vagones imperiales. El Emperador tenía a su disposición incluso un vagón imperial de caza.

Para trayectos cortos, se usaban los vagones de cada compañia unidos formando un tren.

En los trayectos largos, se unían los vagones de varias compañías hasta formar un solo tren. Mas adelante se formaron trenes imperiales enteros, como el de la Emperatriz Isabel.

La composición normal de este tren era: un vagón-Suite, un vagón remolque, en el medio el vagón-salón y el vagón-dormitorio de la Emperatriz, otros dos vagones de segunda clase y un vagón de carga para el equipaje. Para este tren había normas y reglamentos de tránsito especiales.

El tren imperial siempre tenía prioridad. El plan de viaje estaba siempre encaminado a ofrecer la mayor seguridad, puntualidad y comodidad posibles. Se preparaban previamente locomotoras de repuesto a lo largo del recorrido, que previamente había sido controlado a pie, e incluso se colocaban guardias en lugares estratégicos del recorrido.

En Octubre de 1870, la Emperatriz Isabel viajó a Merano para pasar el invierno allí.

La corte que la acompañaba se componía de 102 personas, entre los que se encontraban sus propios funcionarios de telégrafos para mantener una comunicación permanente con la corte de Viena, un encargado de la vajilla y mesa emperial y un repostero de la cocina imperial. 

Junto a sus propios muebles, se llevaron también 27 caballos.

En 1872 se hizo el encargo de construir un vagón-salón imperial para la Emperatriz que tuviera calefacción.

El resultado fueron dos vagones de cuatro ejes cada uno, uno salón y el otro dormitorio.

La parte exterior se decoró en tonos verdes con adornos en dorado.

Por deseo expreso de la Emperatriz, se decoró el interior en pesadas sedas en verde. La madera debía ser pulida hasta quedar mate y solo talladas de manera sencilla.

En 1873 la empresa Ringhoffer de Praga contruyó estos vagones que comenzaron su servicio en 1874.

El vagón-salón:

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Foto: Charlotte Schwarz/ Fotografie 2017

Se compone de dos partes, una con dos ventanas para la Suite de las damas de compañía con diván y una mesa.

Una parte con cuatro ventanas para el salón de la Emperatriz con un escritorio, dos sillones, un sofá-cama y un gran espejo de paréd.

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Foto: Charlotte Schwarz/Fotografin 2017

Un aseo con váter y un pequeño compartimento separado solo por una cortina, destinado a la doncella de servicio.

El vagón se calentaba por medio de dos estufas colocadas en el exterior conectadas a conductos por debajo del suelo por los que se distribuía el calor.

El vagón-dormitorio:

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Foto: Charlotte Schwarz/Fotografin 2017

Un salón-dormitorio con una cama, una mesa móvil, espejos, sillón y banqueta.

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Foto: Charlotte Schwarz/Fotografin 2017

Un tocador con lavabo plateado y un espejo de pared, delante una butaca y el la pared junto a las ventas, un gran diván.

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Foto: Charlotte Schwarz/Fotografin 2017

Un pequeño compartimento para la doncella, también con una banqueta tapizada como en el aseo.

Los dos vagones se iluminaban con lámparas de aceite y con candelabros de cristal.

Tras la muerte de la Emperatriz, los vagones quedaron fuera de servicio e incluso se pensó en venderlos.

En 1905 se donó el vagón-dormitorio al Museo Ferroviario y se decidió que el vagón-salón siguiera usandose para el Emperador. Pero finalmente esto no se llevó a cabo y el vagón-salón de la Emperatriz pasó a formar parte también del museo, y por tanto, se conservó para la posteridad.

Quedó estipulado por orden del Mayordomo Mayor de la corte que: „El vagón queda a disposición del museo, mas por piedad, no debe ser usado.“

El 15 de Septiembre de 1898 viajó la Emperatriz por última vez. Su cadaver fue trasladado hasta Viena usando las vías férreas, lo que supuso para la corte un coste de 1448,85 gulden, unos 12.177,77 € hoy en día.

 


 

¿Como fue posible que Sisi pudiera subir a ese vagón?

Estas fotografías tan únicas fueron obra de nuestra apreciada Charlie Schwarz y fue la increible capacidad de negociación de mi Marie la que hizo posible esta experiencia tan mágica y singular.

Fuimos las únicas hasta la fecha que obtuvieron el permiso para poder fotografiar DENTRO del vagón.

Necesitaba un traje para la ocasión, uno que fuera acorde al año de construcción del vagón y como guiño al Museo, elegimos un traje polisón en seda de Moire azul.

Tras ser recibidas por los guardias del museo, nos acompañaron hasta el vagón donde nos esperaba una restauradora del museo.

Solo con los calcetines y con protectores sobre ellos, pude ascender las escaleras del vagón y pisar la alfombra imperial.

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Foto: Charlotte Schwarz/Fotegrafin 2017

Charlie debía quedarse fuera aunque se le permitió fotografiar a través de las ventanas que se habían abierto para la ocasión.

Parecía como si el vagón fuera a ponerse en marcha en cualquier momento, como si hubiera sido colocado allí ayer mismo y estubiera esperando el momento de salir de viaje, como una bella durmiente esperando a ser despertada de su letargo.

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Foto: Charlotte Schwarz/Fotografin 2017

Caminé por la alfombra, que estaba tan blanda como si caminara sobre algodones y me situé frente al espejo.

¡Su espejo! Una de las melodías del musical „Elisabeth“ me vino a la cabeza y ya no me la pude volver a sacar en todo el día: „Si yo fuera tu espejo…“

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Fue una experiencia tan única que no puedo describirlo con palabras. Estaba en un lugar que muy pocas personas habían podido visitar. Llevaba semanas preparandome para ese día y por fín había llegado.

¡Realmente estaba en ese tren! ¡en EL tren!

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Foto: Charlotte Schwarz/Fotografin 2017

El vagón, que normalmente solo se abre una vez al año para controlar que no este dañado o tenga polillas, volvió a la vida por un momento. Las lámparas iluminaban el interior, el traje hacía un ruido suave sobre la alfombra, una horquilla que se soltó del peinado y fue colocada de nuevo en su sitio ante el espejo.

Los hermosos vasos de cristal tallado esperaban a ser llenados por Marie mientras desprendían destellos por el resplandor de las lámparas y la manta bordada en rosa y violeta lucía en todo su esplendor y pedía a gritos ser usada.

¡Todo era como un sueño!

¡Como en mis sueños!

Un sueño que cada una disfrutó a su manera. Marie suspiró un par de veces, incluso Charlie miraba tras la cámara con mucho respeto. La cita que en principio estaba planeada para una hora, se alargó el doble gracias a la amabilidad de la dama responsable del museo. 

Los visitantes del museo nos observaban desde una distancia respetuosa, e incluso algunos miraban con gran admiración.

Desde aqui, quiero agradecer de corazón a todas las personas que hicieron que fuera posible la realización de este gran sueño. ¡Muchas gracias a las dos!

Mi agradecimiento por supuesto al Museo Técnico de Viena, ya que sin su consentimiento, nada de esto hubiera sido posible.

~Sisi~


 

Derechos del texto: Sisi

Derechos de imagen: Charlotte Schwarz/Fotografin 2017


 

Notas literarias:

Fechas y cifras tomadas del libro: El vagón-salón imperial de la Emperatriz Isabel, del Museo Técnico de Viena.

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