Tras las trágicas huellas de Sisi en Ginebra.

Conmeroramos hoy el aniversario de la muerte de la emperatriz Isabel, que fue asesinada por el anarquista Luigi Lucheni el 10 de Septiembre de 1898.

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Foto: @stadtmuseum.at (Bad Ischl)

La hermosa ciudad de Ginebra siempre merece una visita, pero si además uno es un admirador de la emperatriz Isabel, es una parada obligatoria.

Como hice el viaje en tren, mi visita comienza en la estación central de Ginebra. Nada mas salir del edificio y a mano derecha, se encuentra la principal iglesia católica de la ciudad: la catedral de Nuestra señora de la Inmaculada Concepción de Ginebra.

Mas allá de la belleza de la iglesia en sí, lo que me trae aquí se encuentra entrando por la entrada lateral y es una de las primeras vidrieras de la derecha. Esta bonita vidriera se colocó aquí para conmemorar los 100 años del asesinato de la emperatriz.

En la parte superior de la vidriera esta representado el milagro de las rosas de Santa Isabel, teniendo la santa cierto parecido con la emperatriz. Debajo se ve una tumba cubierta de rosas y un angel triste y pensativo junto a ella. Escrito en latín y junto a las coronas de Austria y Hungría, puede leerse:  „A la pia memoria de su majestad Isabel, emperatriz de Austria y reina de Hungría, fallecida el 10 de Septiembre de 1898. Erigido por la Sociedad S. Isabel 10 de Septiembre 1998″.

Una vez que salgo de la iglesia y siguiendo todo recto por la calle Rue du Mont-Blanc se llega al lago de Leman. En vez de cruzar el puente Pont du Mont Blanc a la otra orilla, giramos a la izquierda pasando por el embarcadero Geneve- Mont-Blanc (Lac). A escasos 100 metros de aqui, sobresaliendo de la barandilla, se encuentra la placa que marca el lugar exacto en el que Lucheni atacó a la emperatriz.

Escrito en francés se lee: „Aqui fue asesinada el 10 de Septiembre de 1898 su majestad la

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Vista de la placa recordatoria del atentado en dirección al Beau Rivage. Foto: @sternenkaiserin.com

emperatriz Isabel de Austria“. Me impresiona pensar lo poco que tardó su asesino en atacarla una vez que dejó la seguridad de su hotel. El llevaba una afilada

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Placa recordatoria en el lugar del atentado. Foto: @sternenkaiserin.com

lima en la mano y en cuanto vió a la emperatriz, se abalanzó sobre ella y se lo clavó en el pecho. Nadie podía saber que había acertado justo en el corazón. Isabel cayó al suelo y después se levantó con la ayuda de su dama de compañía Irma Sztáray.

Me impresiona pensarlo fuerte que debía ser la emperatriz para, a pesar de estar herida de muerte, Sisi lograra llegar andando hasta el barco en el que finalmente colapsó.

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Vista de la placa en el luhar del atentado en dirección al ambarcadero. Foto: @sternenkaiserin.com

Voy siguiendo sus pasos en sentido inverso por la Quai du Mont Blanc en dirección al Hotel Beau Rivage. Es un paseo corto pero precioso, a la orilla del lago y con la visión del conocido Jet d´Eau.

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Jet D´Eau. Foto: @sternenkaiserin

 

La primera calle a la izquierda es la Rue des Alpes, por donde Lucheni huyó tras atacar a la emperatriz y donde fue apresado. Después, y también a la izquierda hay un pequeño parque con el monumento al duque Carlos II de Brunswick y justo en frente, se encuentra el hotel.

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Monumento a Brunswick. Foto: @sternenkaiserin.com

Ya que me encuentro en la acera de la derecha, sigo recto pasando de largo el hotel para llegar a la moderna estatua de Sisi del conocido arquitecto Philip Jackson que se colocó aqui coincidiendo con el 100 aniversario de su asesinato.  Es una estatua de metal negro sobre unos escalones de marmol, que representa a una extremadamente (y exageradamente) delgada emperatriz que cubre su rostro con un abanico. Sobre gustos no hay nada escrito, pero para mi gusto, no es precisamente la estatua mas bonita que he visto, y he visto muchas. El rostro es bello y las manos me parecen bonitas y delicadas, pero en conjunto, no es mi favorita. En los escalones de marmol blanco puede leerse en letras doradas: „A la memoria de Isabel, emperatriz de Austria y reina de Hungría. 1898 10 de Septiembre 1998.“

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Monumento a Isabel. Foto: @sternenkaiserin.com

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Monumento a Isabel. Foto: @sternenkaiserin.com

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Monumento a Isabel. Foto: @sternenkaiserin.com

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Monumento a Isabel. Foto: @sternenkaiserin.com

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Monumento a Isabel. Foto: @sternenkaiserin.com

 

 

El rostro de la estatua esta dirigido al hotel Beau Rivage en la acera de en frente, y desde aqui se ven perfectamente las ventanas de la habitación en la que Sisi murió, solo que ahora hay delante una terraza que en 1898 no estaba. Pensar que estoy a punto de entrar en esa habitación me produce una mezcla de nervios, respeto, alegria y miedo ( si, lo reconozco) que es dificil de contener, pero no puedo esperar ni un minuto más.

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Entrada del hotel Beau Rivage. Foto: @sternenkaiserin.com

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Hotel Beau Rivage. Foto: @sternenkaiserin.com

El noble hotel Beau Rivage fundado en 1865, es el hotel privado mas antiguo de Ginebra. Tiene 73 habitaciones y 18 suites, incluyendo la número 119/120 que es en la que se hospedaba Sisi y en la que murió. Ya desde fuera se ve que es un hotel de lujo, pero nada mas subir los primeros escalones tras cruzar la puerta giratoria de cristal, mis ojos no dan crédito a tanta elegancia, clase y belleza. Me saluda el sonido de una pequeña fuente redonda situada en el centro del lobby. Esta fuente no estaba aqui en tiempos de Sisi, ya que fue instalada para celebrar el 125 aniversario de la fundación del hotel. A la izquierda esta la recepción y a la derecha el bar y el restaurante. Al mirar hacia arriba, veo las 3 plantas donde se encuentran las habitaciones, ya que todas se abren al centro formando un patio coronado por un espectacular tragaluz. El personal del hotel me muestra su cara mas amable y simpática y me guía por el hotel.

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Mi guía me acompaña hacia las elegantes escaleras que suben a la primera planta donde se encuentra la suite de Sisi. Desde la balaustrada se ve todo el lobby y la fuente de la entrada. A la izquierda de la puerta de la Suite, hay una vitrina con recuerdos y objetos personales de la emperatriz. Hay cubiertos, una servilleta marcada con la E de Elisabeth, una réplica de una de las estrellas de diamante, un par de fotos, una figurita, unos guantes de cuero blanco con la E coronada, un sombrero de época muy parecido a los que ella solía llevar…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Pero lo que mas me asombra son tres objetos colocados dentro de un marco en la parte superio de la vitrina: algunas flores disecadas, regalo de Irma Sztaray a la señora Meyer, dueña del hotel y que se encontraba junto a la emperatriz en el momento de su muerte, el adorno de tela bordado que llevaba Sisi sobre el cabello en el momento del ataque y un trozo de tela, posiblemente de su ropa interior, manchada con la sangre de la emperatriz. Apenas se distinguen ya las manchas, descoloridas por el tiempo, pero son el mudo testimonio de la tragedia.

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Tras mirarlo todo al detalle, fotografiarlo y hacer preguntas sobre casi cada objeto, llega el momento de entrar a la suite. ¿Como describir lo que sentí al entrar? no hay palabras. Al abrir la puerta se entra a un pequeño recibidor que se abre a la derecha a una sala de estar, de frente al dormitorio y a la izquierda a un pequeño lavabo que en tiempos de Sisi no estaba aqui.

 

Entramos a la sala de estar, decorada en agradables tonos rojos y cremas que recuerdan a los palacios de Schönnbrun o Gödöllö. Sobre la bonita chimenea de marmol, hay un enorme espejo que es el único objeto original de finales del siglo 19. De hecho, estaba ya ahí durante las dos estancias de la emperatriz en el Beau Rivage. No es dificil imaginársela mirando su reflejo en este espejo justo antes de salir de la habitación a encontrarse con su destino… En una vitrina situada cerca de la ventana en la pared que separa el salón y el dormitorio, hay una copia del cuadro de Sisi pintado por Winterhalter.

 

 

 

 

 

El dormitorio es una maravillosa estancia también decorada en rojo y crema, muy luminoso y con unas vistas estupendas al lago y al Jet D`Eau. A la izquierda unos pequeños escalones de madera nos llevan a la terraza privada de la suite, con cómodos sillones en los que disfrutar del bello paisaje. En tiempos de Sisi, ni la terraza ni el restaurante que está debajo de ella, estaban ahí. Justo en frente de la puerta de la terraza y junto a la enorme cama, se llega al cuarto de baño, que tampoco estaba ahí en 1898. Ducha Haman, un jacuzzi, una televisión escondida detrás de un espejo, productos de higiene y belleza de Clarins… al lujoso cuarto de baño no le falta de nada!

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Herr Mayer y la Señora M. en el Beau Rivage. Foto: @sternenkaiserin.com

Por lo que me comenta mi guía, (a quien desde aqui tengo que agradecerle su infinita paciencia ante mis miles de preguntas, a las que ella siempre contestaba amablemente y con la mejor de sus sonrisas) durante la estancia de la emperatriz, su cama estaba en la misma posición que la que hay hoy en día, pero mas atrás, mas o menos donde se encuentra el jacuzzi, ya que por aquel entonces en cuarto de baño no existía. Durante un momento me pregunto como sería pasar una noche en esta habitación, ¿podría dormir? ¿podríais vosotros?

Mi amable guía me comenta divertida que nunca han oido historias de fantasmas ni en la habitación ni en el hotel, así que debería poder dormir sin problemas. Aún así, y si me pudiera permitir una suite como esta, que no es el caso, creo que no pegaría ojo en toda la noche.

Para mi gran sorpresa, parece ser que voy a poder conocer al presidente del hotel, el señor Mayer. Por lo que me dicen, es un hombre muy agradable que conoce casi todos los detalles de lo ocurrido el día del atentado y todo lo referente a Sisi. Cosa que no me sorprende, ya que su familia ha sido la dueña del hotel desde su fundación e incluso su abuela estaba junto a la emperatriz cuando expiró. 

A pesar de las tranquilizadoras palabras de Marina, me siento muy inquieta. Que un hombre tan importante y con tantos asuntos a los que atender, se tome el tiempo de atenderme, de manera totalmente espontanea ya que no estaba preparado, es un honor y toda una oportunidad de saciar mi curiosidad.

Me encuentro con él en el bar del hotel donde me ofrecen algo de beber y mis nervios se disipan, ya que es uno de los caballeros mas agradables y simpáticos que he tenido el gusto de conocer. Oir los hechos de aquel 10 de Septiembre de 1898 de sus labios, es como estar viviendo la historia al momento. Me cuenta como era la habitación entonces, como se sucedieron los terribles acontecimientos y como su abuela le dijo a su madre: „La emperatriz murió en mis brazos“. 

Después de hacerle mil preguntas y de escuchar cada palabra con toda mi atención, volvemos a subir a la suite para hacer algunas fotos mas. Me despido de mis cicerones y salgo del hotel con los ojos, la mente y el corazón llenos de Sisi.

Desde aqui agradezco al señor Mayer, a mi guía particular y todos los compañeros del Beau Rivage por su amabilidad, su tiempo y su paciencia y por hacerme sentir VIP en un hotel tan lujoso y bello.

Siguiendo los pasos de la emperatriz el día del atentado, me dirijo desde el hotel hasta el lugar del atentado haciendo el trayecto inverso que hice por la mañana. Pasando el embarcadero cruzo el gran puente que divide la ciudad en dirección al famoso reloj floral, ya que en esta orilla se encuentra otro tesoro que visitar.

El vapor „Geneve“, al que Sisi subió y en el que colapsó poco después, se encuentra atracado aqui.

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El barco Geneve. Foto: @sternenkaiserin.com

Hoy en día es un bonito y original restaurante que además se puede alquilar para celebraciones y eventos. Un pequeño cartel informa a los viandantes de la historia del barco y su relacción con Sisi.

Se sube al barco por el mismo lugar que entonces, así que es como estar viviendo aquel momento en vivo. sobre la cubierta en la que me encuentro nada mas subir, es donde Sisi perdió el conocimiento. Entrando a la zona interior, y tras cruzar un pasillo se llega a una zona amplia que conduce a la izquierda a la escalinata de madera que sube a la cubierta superior, y a la derecha a un corto pasillo que da a la parte delantera del barco. En este pasillo hay cuatro pequeñas habitaciones, que aunque ahora sirven de almacenes, en 1898 eran cabinas privadas.

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Cabina reservada a la emperatriz. Foto: @sternenkaiserin.com

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Cabina reservada a la emperatriz. Foto: @sternenkaiserin.com

La segunda a la izquierda era la de Sisi y allí fue llevada inconsciente tras desmayarse. Fue también ahí dentro donde la emperatriz recobró el conocimiento por un momento y pronunció sus últimas palabras: „pero ¿que me ha pasado?“.

Isabel volvió a quedar inconsciente y no volvería a despertar jamas. Informado el capitán de la verdadera identidad de la pasajera enferma, decidió volver inmediatamente al embarcadero. Ordenó a la tripulación que improvisaran una camilla con unos remos y una lona con la que transportar a la emperatriz de vuelta al hotel, donde por desgracia, moriría poco después.

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Catedral de San Pedro, Ginebra. Foto: @sternenkaiserin.com

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Ruinas de la carcel. Foto: @sternenkaiserin.com

Desde el „Geneve“ me dirijo a la cercana catedral de Saint Pierre ya que junto a su fachada se encuentran las ruinas de la antigua prisión en la que Lucheni estuvo prisionero por su horrible crimen. En su declaración a las autoridades quedó claro que en principio el no quería matar a la emperatriz, si no al Duque Orleans.

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Ruinas de la carcel. Foto: @sternenkaiserin.com

El 19 de Octubre de 1910 se encontró en su celda su cadaver, hecho rodeado de extrañas circunstancias. La causa oficial de la muerte: Suicidio. Solo quedan los restos de una pequeña estancia construida en piedra y una placa explicativa, pero aún así, es interesante estar aqui e imaginarse como sería aquel edificio del que practicamente no queda nada.

Y llega la hora de la despedida.Ha sido un día lleno de emociones en el que he aprendido muchísimo. Seguir los pasos de Sisi en los lugares originales en los que todo sucedió es una experiencia que recomiendo a cualquiera que admire a la emperatriz.

Espero que este pequeño relato de mi visita os haya gustado y desde aqui mi agradecimiento a Sisi-Strasse por conseguir los permisos para poder grabar y fotografiar en el Hotel Beau Rivage y en el Geneve y también a los trabajadores en ambos lugares que tan amablemente me guiaron y mostraron todo. Ha sido todo un honor.

 

– Maria José –


El último camino de la emperatriz Isabel, tras las huellas históricas

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Foto: @staerkel.at

Después de acompañar a María José en su interesante visita, vamos a permitir a los testigos presenciales que nos cuenten con sus propias palabras lo que sucedió aquel día:

„Me imagino que el pájaro cautivo disfruta mas de su liberación y goza al atravesar las olvidadas rejas de su prisión, cuando, tras preparaciones y ceremonias, por fín alguien abre misericordiosamente la puerta. La emperatriz sabía que Nauheim quedaba atrás y llevada por un alegre sentimiento de liberación y por una irresistible fuerza de atracción, se apresuró en dirección a Suiza.“ (1)

La emperatriz viajó a Suiza en compañía de su dama Irma Sztáray, Condesa de Sztáray y Sztára y Nagy-Mihály (*10.7.1864 – †3.9.1940) y permaneció en sus queridas montañas suizas desde el 30 de Agosto de 1898. Visitaron Caux ya que a Isabel le gustaba particularmente este lugar. Cada dos días había planeadas excursiones a Bex-les-Bains, Rochers de Naye, Evian, Ginebra y Pregny.

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Alberto de Berzeviczy. Foto: @locseitemeto.eoldal.huu

Trás cenar juntas, Isabel e Irma se fueron de paseo por Caux y planearon los siguientes días. Para el cCnde Alberto de Berzeviczy (*7.6.1853, †22.3.1936) Ginebra representaba un problema. Irma le comentó esta preocupación a Isabel que le preguntó el por qué: „por que está lleno de gentuza y le gustaría veros en cualquier sitio menos en Ginebra“. Dígale a Berzeviczy que eso no son mas que tonterías. ¿Que me va a pasar a mí en Ginebra?“ (2)

El 7 de Septiembre lo pasó Isabel en el hotel Des Salines de Caux, ya que ese día tocaba de lavado de cabello. Desde el balcón de la habitación, siguió intentando Irma, cada vez con mayor vehemencia, convencer a la emperatriz de aceptar el consejo de Berzeviczy de llevar al menos a un caballero con ellas a Ginebra para su protección. La respuesta de la emperatriz fue: „Ya veo cuanto se preocupa Berzeviczy por mi vida, pero ¿que puede pasarme en Ginebra? En fin, ya se que el tiene una gran responsabilidad, asi que esta bien. Dígale que por hacerle un favor y solo por hacerle un favor, me llevaré al secretario Kromar, aunque realmente no se de qué me va a servir que él descanse en el hotel mientras yo voy a pasear.“ (3)

Irma escribió en su diario: „La emperatriz había ahuyentado las sombras de la preocupación que habían calado en mi alma debido a la preocupación de Berzeviczy, y yo caminaba tranquilamente a su lado mientras ella se dirigía con paso ligero hacia su destino.“ (4)

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Castillo de Pregny. Foto: @lmathieu.wordpress.com

El 9 de Septiembre a las 12 en punto llegó Sisi a Ginebra. Saludó a su secretario Kromar, quien le entregó un telegrama de la Archiduquesa María Valeria que la emperatriz estaba esperando ansiosamente. Después fueron a visitar a la Baronesa Carolina Julia de Rothschild (*2.9.1830, †18.11.1907, conocida como Julie) quien las esperaba en su Chateau Pregny.  Sisi pasó el día muy contenta. Huvo un almuerzo, una visita a la Villa y mucha conversación.

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Baronesa Julia Rothschild. Foto: @family.rothschildarchive.org

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Eduardo Carlos de Habsburgo-Lorena. Foto: Clemens Fabry, Die Presse

Aqui ocurrió una anécdota que nos cuenta Eduardo de Habsburggo-Lorena (*12.1.1967) Eduardo es descendiente directo de la emperatriz por la línea de la Archiduquesa Gisela y el Príncipe Leopoldo de Baviera. Es por tanto Tatara-tatara-nieto de Sisi y el emperador Francisco José. „La Baronesa Rothschild había preparado un delicioso almuerzo para la emperatriz. Había Champán y helado y Sisi estaba realmente relajada. De pronto, la Baronesa dijo: „tenemos un fotógrafo en casa“. Sisi lo pensó durante unos 30 segundos y entonces respondió: „No, no lo haré.“ Más tarde le explicó a la Condesa Sztáray cuando se encontraban en el barco: „Cuando una se ha atenido a unos principios durante toda la vida, y aunque solo sea por vanidad, hay que mantenerse firme en ellos. Pero es una pena, la verdad.“

Sobre las 5 se despidieron Isabel e Irma y se dirijieron al Beau Rivage.

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Hotel Beau Rivage. Foto: @sternenkaiserin.com

A pesar de que Sisi se había inscrito en el hotel con el nombre de“Condesa de Hohenembs“, el director del hotel la reconoció de inmediato. Tras descansar durante una hora, las dos damas se dispusieron a recorrer solas la ciudad. „De verdad que no la entiendo Irma, ¿como puede no gustarle esta ciudad? Es tan bonita, ¿como puede parecerle tan desagradable? Yo adoro Ginebra.“ (5)

Compraron una mesita para María Valeria, que habría de ser su regalo de navidad. 

Eran casi las 10 de la noche cuando las dos damas regresaron al hotel, ya que tras ir de compras se perdieron y estuvieron caminando sin rumbo por las calles de Ginebra.

Irma durmió mal aquella noche, pero se despertó a tiempo para acercarse a la iglesia, ya que era día de confesión. A las 9 en punto estaba de vuelta junto a la emperatriz Isabel, que acababa de ser peinada. A pesar de estar espléndida, comentó que había pasado la noche casi en vela. „No estoy cansada, pero apenas he dormido. Durante un rato oí cantar a unos italianos, mas tarde me molestó el faro con sus colores cambiantes y no me decidí a levantarme para cerrar la ventana. Serían casi las 2 de la madrugada cuando al fin me dormí, pero entonces sucedió algo que nunca me había pasado. Me asusté terriblemente por que la luna que lucía en cielo iluminó mi rostro con su deslumbrante resplandor mientras que la cama y el resto de la habitación parecían flotar a la luz de mi resplandor místico. Después de esto ya no pude volver a dormirme.“ (6)

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La última foto. La emperatriz Isabel (I) y la condesa Irma de Sztáray. Foto: @Wikimedia/Commons

La habitación estaba decorada con amelos blancos, una flor que a la emperatriz le gustaba, pero que le recordaba lo efímero de todo. Irma salió del cuarto para realizar algunas compras más, terminar las compras del día anterior y preparar los envios de las mismas. Poco antes de las 11 regresó y salió de nuevo con la emperatriz a dar un corto paseo que la emperatriz quería realizar por los alrededores. Muy cerca del hotel acechaba un fotógrafo que, sin saberlo, realizaría la última fotografía de la emperatriz Isabel, una fotografía que pasaría a la historia. 

Después del paseo, Isabel quiso cambiarse de ropa. A la 13:30 ya iban con retraso e Irma se pusó nerviosa. Intentó convencer a Isabel de que mandara a su lacayo a avisar al capitán del barco para que no se fueran sin ellas. Con toda la tranquilidad del mundo, Sisi se tomó un vaso de leche, el último de su vida. A las 13:35 ella e Irma abandonaron el hotel Beau Rivage.

El último trayecto, los últimos pasos, la última mirada, la última palabra…

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Atentado contra la emperatriz Isabel. Litografía, autor desconocido. Foto: @Wikimedia/Commons

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Lugar del atentado con vistas al embarcadero. Foto: @sternenkaiserin.com

„Majestad! la sirena del barco!“ le dije y conté instintivamente cada uno de los silbidos, uno, dos,… En ese momento distinguí a lo lejos a una persona que parecía huir de alguien, pues corría y se escondía tras los árboles a la orilla de la acera para luego acercarse a la barandilla del lado del lago y después volver a esconderse tras el siguiente árbol e ir así acercándose en nuestra dirección. „Espero que este hombre no nos retrase aún mas“ pensé instintivamente siguiéndole con la mirada mientras el alcanzaba de nuevo la barandilla y de un salto, se nos vino encima. 

Instintivamente di un paso hacia adelante para proteger a la emperatriz de aquel hombre. Él pareció tropezar bruscamente, se apretó contra nosotras y en ese mismo instante atacó con el puño a la emperatriz.

Igual que si hubiera sido golpeada por un rayo, la emperatriz se derrumbó hacia atrás sin emitir ningún sonido y yo, anonadada, me doble sobre ella con un único grito ahogado. Padre Celestial! Cuando me encuentre frente a Ti para rendirte cuentas por mi alma, verás en ella este horrible momento. Todas las penas del purgatorio atravesaron mi cuerpo y en lugar de mis labios paralizados, era mi alma atormentada la que gritaba al Creador que tuviera piedad.

Y entonces me pareció como si el cielo se abriera frente a mi.

La emperatriz abrió los ojos y miró a su alrededor. De su mirada se deducía que estaba plenamente consciente y entonces y ayudada por mi, se levantó lentamente del suelo.“ 

Con la voz temblorosa, ya que a alegría prevalecía sobre el susto, le pregunté: ¿Que sentís Majestad? ¿No os ha sucedido nada?

„No,“ me respondió sonriente. „No me ha pasado nada.“ (7)

Entre tanto, se habían acercado a la noble dama varias personas con intención de ayudarla. Ella les agradeció su gesto en sus diferentes idiomas, Alemán, Inglés y Francés. Un cochero le sacudió el polvo del vestido. El portero del hotel Beau Rivage se apresuró al lugar ya que había presenciado el suceso desde su puerta y suplicó con vehemencia a la emperatriz que volviera al hotel.

¿Por qué? Preguntó la emperatriz mientras trataba de arreglarse el cabello. „No me ha pasado nada. Mejor démonos prisa para alcanzar el barco.“(8)

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Luigi Lucheni apresado. Foto: @Wikimedia/Commons

La emperatriz preguntó que qué era lo que quería ese hombre. Irma creyó que se refería al cochero, pero Isabel la corrigió refiriéndose al hombre que tanto se había acercado a ella. „Quizás quería robarme el reloj.“(9) Esa era la opinión de ambas. Isabel siguió caminando mientras el portero seguía insistiendo en que volviera y le comunicaba que el maleante había sido apresado. Ella le preguntó si el hombre había dicho algo. Irma notó que la expresión del rostro de la emperatriz había cambiado. Estaba muy pálida y el gesto contraído de dolor. „Creo que me duele un poco el pecho.“(10)

Al subir al barco, Isabel caminaba ligeramente por delante de Irma cuando de pronto se sintió mareada. „Rápido vuestro brazo“ Titubeó con voz ahogada. Yo la abracé pero no pude sujetarla y cayó de rodillas con su cabeza sobre mi pecho. „Un médico! un médico! Agua!“ grité pidiendo ayuda al lacayo que corría hacia nosotras. La emperatriz yacía pálida como la muerte y con los ojos cerrados en mis brazos. (11)

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Condesa Irma de Sztáray. Foto: @Wikimedia/Commons

El lacayo y algunos de los otros pasajeros trajeron agua con la que salpicaron a la emperatriz en el rostro. Isabel abrió los ojos. Irma se dió cuenta de que la muerte se acercaba y pidió a dos caballeros que se encontraban cerca que la ayudaran a llevar a la emperatriz a la cabina que tenían reservada.

Irma volvió a gritar pidiendo un médico cuando fue repentinamente apartada a un lado. Un señor ofreció la ayuda de su esposa que tenía conocimientos en el cuidado de enfermos (el matrimonio Dardelle) La señora se acercó a la emperatriz y la frotó con agua de colonia. También se acercó una monja que estaba presente. Irma desabrochó el corsé de la emperatriz, que se irguió vacilante para que Irma pudiera alcanzar la parte posterior del mismo. Mientras tanto el barco había levado anclas. Nadie era realmente consciente de la situación. Irma cogió un terrón de azucar que sumergió en eter y se lo dió a Isabel que intentó morderlo un par de veces. Los intentos por devolverle el aliento funcionaron  mejor en cuanto el viento de la marcha del barco entró por la ventana. 

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Dent du Midi. Pintura al óleo. Foto: x43:service

Isabel se sentó y le susurró un Merci en voz baja a la dama que estaba inclinada sobre ella. Los caballeron que se encontraba a su alrededor se alejaron un poco al notar que la dama podía sentarse sola. Pero Irma lo veía en la mirada de la emperatriz. En su mirar se reflejaba la muerte, no había vuelta atrás. Solo permanecieron junto a Isabel, Irma, la señora Dardelle, la monja y el lacayo. „Sus ojos buscaban el cielo. Entonces su mirada se fijó en el Dent du Midi y de ahí, dirigiendose lentamente hacia atrás, me miró y su mirada se clavó para siempre en mi alma. „Pero, ¿que me ha pasado?“  Esas fueron sus últimas palabras. Después perdió el conocimiento. (12)

Irma corto su colgante en el que llevaba una medalla de la Congregación de María que tomó en sus manos y rezó a la virgen para que acogiera en el cielo el alma de la emperatriz Isabel. Ella sabía que la muerte era inevitable y tomó las riendas de la situación. Abrió la camisa de Isabel y vió la pequeña herida de la que salía una gota de sangre y supo que la emperatriz había sido asesinada.

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Transporte de la emperatriz Isabel desde el barco Geneve. Litografía de autor desconocido. Foto: @Wikimedia/Commons

Irma ordenó traer al capitán, que enseguida se personó en la cabina. Le reveló la identidad de la dama que yacía frente a él y le pidió, por tanto, que llevara el barco de vuelta al puerto. Escribió dos telegramas, uno al secretario Kromar y otro al conde Berzeviczy, y se los entregó a la señora Dardelle que prometió enviarlos tan pronto como estuvieran de vuelta en Ginebra.

Irma colocó su abrigo negro sobre la emperatriz cuando esta era llevada por seis hombres en una camilla improvisada. Mientras los hombres la transportaban, Isabel movió intranquila la cabeza hacia un lado. A parte de eso, la agonía fue tranquila, sin lucha, sin dolor. Irma caminaba junto a la cabeza de la emperatriz y un caballero que caminaba en el lado opuesto al suyo, abrió sobre la cabeza de la empratriz la sombrilla blanca que esta llevaba durante el ataque, para protegerla de miradas indiscretas. 

La condesa Sztáray miraba con melancolía hacia el hotel. Hacía menos de una hora que lo habían abandonado de buen humor y con ganas de hacer mil cosas. ¿Como ha podido pasar esto?

Nada mas llegar de vuelta a la suite, se personaron en la misma el doctor Etiénne Golay seguido inmediatamente de la señora Fanny Mayer, directora del hotel Beau Rivage y una enfermera inglesa que era huesped del hotel. Irma le mostró al doctor Golay la herida que al abrir el corsé se había desplazado un poco. „No hay esperanza“ dijo el médico tras unos momentos. (13)

Irma pidió en tono tranquilo que siguieran intentando reanimarla aunque no tenía sentido. La emperatriz seguía respirando, pero su respiración se iba haciendo mas y mas débil. A las 14:40 pronunció las palabras el doctor Golay. „El alma mas hermosa y mas noble, la que fue mas severamente puesta aprueba, había abandonado la tierra y su partida se anunció con una sola y corta palabra: Muerta!“(14)

Irma estaba consternada y rezó para que Dios se la llevara a ella también aunque se dió cuenta enseguida de que ese pensamiento era un pecado. Pensó en el emperador Francisco José y supo que debía soportar la terrible carga de informarle sobre la muerte de Isabel. Temía darle esa noticia a „ese hombre bondadoso que tantas desgracias había tenido que soportar.“ 

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General ayudante Conde Eduardo de Paar. Dibujo de Oskar Brüch. Foto: @Wikimedia/Commons

La condesa Sztáray escribió un telegrama al conde Eduardo Paar —— „Su majestad ha sido gravemente herida. Por favor, comuníqueselo al emperador de la manera mas cuidadosa posible.“(15)

Cuando la fiel dama de compañía Irma volvió a la habitación, estaban haciendo un corte en la arteria del brazo izquierdo de la emperatriz. Al comprobar que no salía ni una gota de sangre del brazo del cadaver, los médicos se retiraron.

Irma describió a Isabel difunta así: „Ni un solo nervio se contraía ya en ella. Solo una mirada rota y dirigida al cielo bajo los párpados medio abiertos y una suave sonrisa en los labios, recordaban que huvo vida. Así se desvaneció su bienaventurada alma, así se despidió para siempre.“ (16)

La condesa Sztáray cerró los ojos de la emperatriz, cerró sus dedos al rededor de un rosario y colocó sus manos sobre el pecho en posición de rezar.

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Eugenio Ketterl. Ayudante de cámara del emperador. Foto: @Wikimedia/Commons

Mientras todo esto ocurría, el emperador Francisco José usaba su poco tiempo libre escribiendo una carta a Isabel. Ella no la recibiría nunca. Conte Corti mencionó esta carta en su libro: „Me ha alegrado mucho notar en tu carta que estas de mejor humor.“ Le escribió a su distante esposa. „y de tu satisfacción por el tiempo, el aire y tu alojamiento con una terraza que seguramente tiene unas vistas maravillosas del lago y las montañas. Que aún así hayas sentido una especie de añoranza de nuestra Villa Hermes, me ha emocionado“ Después le escribe que el día anterior había estado en la villa y había pensado mucho en ella y también que había estado observando los venados. La carta sigue „Hoy me quedaré aqui y a las 8:30 partiré desde la estación central. Isten veled szeretett angyalom (te encomiendo a Dios, mi querido ángel) Te abrazo con todo mi corazón, tu pequeño.“ (17)  

Una enfermera ayudó a Irma a preparar el velatorio. Se colocaron velas y cruces. Los blancos amelos de otoño que Isabel comentó por la mañana que le „recordaban a la fugacidad de todo“, fueron llevados al dormitorio y colocados sobre la cama.

Una vez acabada esta tarea, se sentó para escribir con tranquilidad un nuevo telegrama al Conde Paar: „Su majestad la emperatriz entró en el sueño eterno.“ (18)

A las 17:25 recibió en general ayudante de su majestad, el Conde Paar, este telegrama en el palacio de Schönnbrunn. Ahora tenía la penosa y dificil tarea de informar al emperador sobre la muerte de la emperatriz. Gracias a la contención debida a su rango, la rígida educación recibida y haciendo honor a su cargo, el emperador mantuvo la calma al recibir la noticia. Su fiel sirviente Eugenio Ketterl escribió: „Cuando el emperador recibió la noticia de la muerte de la emperatriz, le dijo en mi presencia al conde Paar: „Nadie sabe lo que esa mujer ha sido para mi!“ (19)

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Archiduquesa María Valeria. Foto: @kulturpool.at

A las 18:30 recibió la noticia la Archiduquesa María Valeria (*22.4.1868, †6.9.1924) en el palacio Wallsee. María fue quie le llevó la noticia de la muerte de su majestad. Valeria anotó en su diario: „No se si de mis labios salió alguna pregunta o directamente la palabra ¿Muerta?, no se si fue en el mismo pasillo o ya en la habitación donde me dijo: „asesinada por un anarquista italiano – fallecida en su hotel de Ginebra“. No lo se. Aún me tiemblan las manos cuando me acuerdo de ese momento…“ (20)

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 La Archiduquesa Gisela y el Príncipe Leopoldo. Foto: @Wikimedia/Commons

El príncpe Leopoldo de Baviera (*9.2.1846, †28.9.1930), marido de la Archiduquesa Gisela, escribió en sus memorias:„Pasé toda la noche de camino a Múnich para reunirme con mi esposa y la noche siguiente con ella hacia Viena. Fue un reencuentro muy triste con el amable emperador: Todo lo que íbamos conociendo sobre la tragedia era estremecedor. No tenía ningún sentido el asesinato de esta noble dama, que se mantenía alejada de cualquier tipo de actividad política.“ (21)

Tras mandar el telegrama, Irma se derrumbó. Agotada, agobiada, rota de dolor, se arrodilló junto a la cama y lloró desconsoladamente. La policía llegó al hotel para interrogar a la Condesa Irma Sztaráray, que soportó también esta dura prueba con estoica calma. Se le tomó juramento y tuvo que nombrar todos sus nombres y títulos para proseguir con el relato de todo lo sucedido en las últimas horas de la emperatriz Isabel. Fueron horas de tortura recordando todo lo ocurrido. Cuando por fín acabó este trámite, la Condesa estaba totalmente exhausta. El Conde Berzeviczy la telefoneó y la pobre Irma recordó con dolor todas las veces que él había avisado del peligro de ir a Ginebra. Como si lo hubiera visto venir…

Cada vez mas y mas gente se acercaba a la fallecida emperatriz: una comisión que quería practicar la autopsia al cadaver, otra comisión para hacerse cargo del velatorio y el obispo de Friburgo y su comitiva para cumplir con su misión. No fue hasta la noche cuando por fin pudo Irma estar a solas con la emperatriz. Sobre las 20:00 llegó al hotel el Conde Berzeviczy, que había estado en Territer, y el ministro Conde Kuefstein desde Berna. A las 22:00 llegó el ataúd en el que sería introducida. Irma le puso en las manos la medalla de la Madre de Dios que ya le había puesto sobre el pecho en el barco. Hasta la media noche velaron los tres frente al ataúd. Solo entonces se retiró Irma a su cuarto a descansar un poco.

El 11 de Septiembre de 1898 sobre las 14:00 horas se llevó a cabo la autopsia parcial, ya que la orden e instrucción para ello llegó desde Viena al medio día. Esta autopsia reveló que Lucheni apuñaló con una gran fuerza. La afilada lima de 11 cm atravesó la cuarta costilla astillando el hueso y atravesando el corazón y el pulmón. El ventrículo izquierdo estaba casi seccionado, lo que se produjo mayormente al arrancar el objeto punzante tras el apuñalamiento. Solo el hecho de llevar el corsé, evitó la muerte inmediata.

Irma escribió: „Tuve que presenciar aquel trámite en directo. Abrieron la caja torácica para comprobar la dirección de la herida: la cuarta costilla estaba rota y el pulmón y el corazón atravesados.“ Y ví en las manos del médico ese corazón lleno de amor y lleno de penas, atravesado de parte a parte, como se ve en las representaciones de las Mater dolorosa. Y yo sobreviví para ver eso! „Quisiera abandonar este mundo como el pájaro que eleva el vuelo y se desvanece en el aire o como el humo que se ve y con un parpadeo desaparece.“ Estas palabras me las dijo un vez, y en estos momentos me vienen a la memoria. (21)

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Litografía del velatorio de la emperatriz en el hotel Beau Rivage. Foto: @Wikimedia/Commons


Al decir Irma „una vez“ se refería seguramente a un día antes, ya que estas palabras las pronunció Isabel delante de la Baronesa Rothschild el 9 de Septiembre de 1898. ¿Presentimiento? ¿pensamientos oscuros de un alma atormentada? Hacía años que la emperatriz deseaba la muerte. ¿La sentía acercarse? No lo sabemos. Tampoco podemos saber como nos sentiríamos nosotros, si pudieramos sentir que el final se acerca. 

La Condesa Sztáray estuvo presente hasta que se completó el proceso de embalsamiento. Después la vistió con el „precioso vestido“ que llevaba el día anterior. La parte superior que había quedado agujereada en el ataque, se cambió por una blusa de seda negra. El doctor Golay ayudó a Irma a colocar a la emperatrit en el ataud en el que descansaría eternamente.

Las manos fueron nuevamente cruzadas y de nuevo colocaron en sus dedos un rosario, un crucifijo de nacar y la medalla de la virgen. Un pequeño ramo de orquídeas blancas se puso sobre la herida. El cabello, peinado en una corona, fue dejado tal cual estaba. El peinado que le hicieron a la emperatriz el día anterior a las 9 de la mañana, no fue modificado. Tumbada así, Parecía un bello ángel con piel de alabastro. Ahora había que despedirse para siempre. El ataúd se cerró. La dama de honor, Condesa Irma de Sztáray, había cumplido con su deber. 

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Condesa Marie Festetics. Foto: @Wikimedia/Commons

En absoluto silencio caminó detrás del ataúd, casi al borde del desmayo, arrastrando un cansancio y una pena a los que no podía entregarse. Le esperaban días muy difíciles. La comitiva fúnebre se puso en camino hacia Viena el 11 de Septiembre. Estaban presentes la Condesa María Festetics (*20.10.1839, †16.4.1923), la Camarera Mayor Condesa María Teresa de Harrach, el Camarero Mayor Conde Francisco de Bellegarde (*18.6.1833, †1.1.1912), quien traía este mensaje del emperador: „Déle mis saludos a la Condesa Sztáray: Dígale que se ha comportado con gran dignidad en estas circunstancias tan devastadoras.“ (22) El 14 de Septiembre abandonó Ginebra el tren fúnebre.

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El ataúd de la emperatriz Isabel de Austria saliendo del hotel Beau Rivage en Ginebra. Fotografía de 1898. Foto: @Austria-Forum.org

El tren llegó a Viena el 15 de Septiembre de 1898. Ya durante todo el camino desde Suiza a Austria se vivieron diversas muestras de respeto y luto. Casi en cada estación por la que el tren pasaba, se congregaba el pueblo para despedirse saludando por última vez con la cabeza agachada a la emperatriz. Valeria describió las escenas así: „Por la noche abandonamos Schönnbrunn a eso de las 22:00… Esperábamos en la sala Radetzy con devoradora expectación a que el maestro de ceremonia nos avisara de la cercanía del tren, lo que sucedió sobre las 23:00. Entonces bajamos al piso inferior para esperar a los pies de la escalera de columnas. Tuve que apoyarme en Gisela, pues casi por primera vez, rompí a sollozar desconsoladamente. Y entonces empezaron a llegar carrozas y mas carrozas con todas las damas que habían ido a la estación a recibir a todas las damas que volvían desde Ginebra… Lloriqueando caí en los brazos de Irma Sztáray, que fueron los últimos que la abrazaron! Francisco vió como Papa fue a su encuentro y le besó la mano. Papa caminó tras el ataúd con pose erguida hasta la capilla del Palacio. Nosotros le seguimos. Allí por fin pudimos caer de rodillas… Oraciones, una corta consagración. Entonces Papa se levantó de su sitio, se arrodilló junto a la cabecera del ataúd cerrado y lo besó. Nosotros le imitamos. Oh Madre! Si tu supieras que tu hija que quiere en estos momentos con un amor que no había sentido nunca! A media noche volvimos a Schönnbrunn.“ (23)

Irma vivió todo a traves de su velo. La dama sintió un mareo cuando el emperador se acercó a ella y le besó la mano. El la citó el 17 de Septiembre a una audiencia privada.

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Los periódicos informando sobre el atentado. Foto: @Bücher Ernst

El 16 de Septiembre el emperador publicó su manifiesto „A mis pueblos“ que fue imprimido en todos los periódicos: „A mis pueblos! La mas dura y horrible de las pruebas nos ha alcanzado a mi y a mi hogar. Mi esposa, el adorno de mi trono, la fiel compañera que fue para mi el apoyo y consuelo en mis horas mas amargas, en quien podía perderme cuando necesitaba conversar, ya no existe. Una espantosa fatalidad me la ha arrebatado a mi y a mis pueblos. Una mano asesina, la herramienta de un fanatismo demencial cuya meta es aniquilar el orden establecido, se ha alzado contra la mas noble de las damas y con un odio sin objetivo, ha atravesado un corazón que no conocía el odio y que solo latía por todo aquello que es bueno.“ (24)

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Capilla ardiente en la capilla del Hofburg. Foto: @delcampe.net

El 16 de Septiembre a las 8:00 de la mañana quedó abierta la capilla ardiente en la capilla del Hofburg y siguiendo el deseo de la emperatriz, su ataúd quedó cerrado. Realmente Isabel quería ser enterrada en Corfú en un lugar que ella ya había elegido, cerca del monumento a Heine y con vistas al mar. Fue el último deseo que le fue negado por esta rígida monarquía. Durante el velatorio sucedió un desafortunado episodio ya que Isabel era nombrada solo como emperatriz de Austria y no como reina de Hungría, título que ella ostentaba con mas orgullo que el de emperatriz. Pero también los Bohemios querían su tributo, aunque ella no era la reina coronada de Bohemia. Tantas discusiones inútiles sobre una mujer que, de todas formas, nunca quiso ser ni reina ni emperatriz.

La dama Irma entregó a la Archiduquesa María Valeria la parte superior del vestido de su madre. El agujero de la herida era visible. Esa misma noche llegaron a Viena el hermano de Sisi, Carlos Teodoro y su esposa María José con sus hijas Isabel Gabriela y Maria Gabriela. Carlos Teodoro esta destrozado, Maria Valeria nunca le ha visto tan profundamente triste. Es en él en quien ella mas ve a su madre.

El 17 de Septiembre huvo una misa en la capilla del Hofburg. María Valeria escribió: „Algo me arrastrasba hacia ella… Deseaba que hubiera encontrado aquello de lo que tanto dudaba: la misericordia de Dios. Entonces fuí junto con María Festetics y me quedé helada ante el elocuente torrente de su dolor.“ (25)

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La Condesa Irma de Sztáray se arrodilla frente al emperador dándole las dos manos. Según pone debajo del dibujo, la condesa le explica en una audiencia privada al emperador todo lo que sucedió en los últimos momentos de la emperatriz Isabel. Litografía imaginaria. Das Interessante Blatt, 22.09.1898, S.1 Foto: @Bildarchivaustria.at

Tras esto, tuvo lugar la audencia privada de la Condesa Irma Sztáray con el emperador Francisco José. Fue un encuentro lleno de lágrimas. El emperador no solo la condecoró con la Orden de Elisabeth, si no que tuvo una larga conversación con ella. Ella debió relatarle fielmente todo lo sucedido mientras las lágrimas corrían por los rostros de ambos. Irma tuvo el detalle de traerle un par de las Orquideas del ramo que la emperatriz llevaba sobre el corazón. Nadie fue testigo de esta conversación. Irma y Francisco José estaban a solas. El le preguntó si no había cortado un mechón de cabello de su esposa. Irma le contestó que no, ya que Isabel siempre había tenido especial aprecio a su cabello. El emperador le dió la razón y la felicitó por todo lo que había hecho. Al final de esta audiencia, Francisco José le besó las manos nuevamente, un gesto que la condesa no habría de olvidar nunca. La bondad de aquel hombre sobrepasaba de sobra el saber estar de ella.

A las 16:00 comenzó el funeral propiamente dicho, lleno de protocolo y honores militares que, partiendo desde la plaza del palacio, llegó hasta la cripta de los Capuchinos, donde Rodolfo fue enterrado antes que ella.

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Entierro en la Cripta de los Capuchinos. Foto: @Habsburg.net

„El maestro de ceremonias golpeó tres veces en la puerta. El Pater Guardian que se encuentra tras la puerta pregunta: „Quien esta ahí?““La emperatriz y reina Isabel solicita la entrada“ es la respuesta del maestro de ceremonias. El emperador y sus hijas sollozan ante el ataúd. Valeria, quien ha perdido una madre que amó a su hija mas que cualquier otra madre en el mundo, ve el lugar en la cripta que su madre le describió en vida, la pequeña luz y el verde que se ve a traves de la pequeña ventana. Oye a los pájaros piando fuera, todo tal cual su madre se lo describió. „Ojalá encuentre por fin su tan ansiada paz!“

También solloza junto al ataúd de la emperatriz las amigas mas fieles de su vida. Ida Ferency, cuya personalidad fresca, serena, abierta y directa, su sentido común, su tacto y su noble y sencilla mentalidad tanto apreció Isabel. Ella ha cumplido todos y cada uno de los últimos deseos de su emperatriz. Incluso destruir la última carta de Rodolfo a Isabel… Bañada en llanto a su lado se encuentra Maria Festetics. „Nosotras vamos a guardar luto juntas aún por muchas cosas. A nosotras nos perteneció lo mejor. Durante mucho, mucho tiempo pudimos disfrutar de su corazón y de su alma.“ (26)

Maria Valeria dejó escrito en su diario: „Papa estuvo desde por la mañana en el palacio, no se ahorró ningún trabajo en recibir a los enviados extranjeros. Junto al emperador Guillermo fue a la iglesia de los capuchinos. Nosotras, y gracias a nuestros tupidos velos, nos pudimos ahorrar gran parte de las banales condolencias. Nos bastaba con aquellos que lloraban de corazón con nosotras. Manni- el tio Luis (Aclaración de mi parte: Duque Luis en Baviera, con quien se cortó todo contacto tras la muerte del príncipe Rodolfo!) „No puedo prohibirle al pobre diablo que acuda“ dijo papa, lo que emocionó al pobre tio. A mi me vinieron profundos recuerdos de tiempos pasados cuando se acercó a mi con la súplica „Déjame estar a tu lado, solo estar a tu lado“. Papa junto con Leopoldo y Francisco, Jorge y los dos hermanos de mama acompañaron el ataúd en su descenso a la cripta. (Después de que esto acabara volvimos a Schönnbrunn para una triste cena en la que también estuvo presente la reina de Sajonia.)“ (26)

El 18 de Septiembre casi cometió María Valeria un error que pudo acarrear consecuencias y del que ella se hubiera arrepentido toda su vida: esto fue lo que escribió en su diario: „Triste reencuentro con la tia gorrión (aclaración de mi parte: La reina Matilde, hermana de Isabel) que llegó el domingo discretamente para rezar frente al ataúd de mama. Papa la visitó en el hotel, por la tarde vino a Schönnbrunn. Me enteré estando a solas con ella y sintiendo un escalofrio, de que ella le había pedido al Pater Guardian que le abriera el ataúd y a través de la pequeña ventana del mismo, había visto y reconocido a mama a pesar de estar muy desfigurada.“ (27) Valeria estaba horrorizada por que ella quería hacer lo mismo para que fuera a ella a quien su madre „viera“ por última vez o para ser ella quien viera a Isabel por última vez. Por suerte, el Padre Abel pudo convencerla de que no lo hiciera. Valeria se lo tomó como una señal divina y pudo vivir en paz el resto de su vida. 

El príncipe Leopoldo de Baviera siguió escribiendo: „A mediados de Octubre el emperador me invitó a viajar a Gödöllö con él. El recibimiento y la pena del pueblo húngaro ha quedado grabado en mi memoria. El emperador, mejor dicho, la pareja real, era adorada en todo el país y la emperatriz, que durante tantos años disfrutó especialmente de sus estancias en Gödöllö, era directamente venerada como una diosa. La cantidad de negocios de estado que atender, el trabajo incansable, el aire fresco y el intenso movimiento de las cacerías ayudaron esta vez al emperador a salir del hondo pozo en el que se encontraba.“ (28)

Eugenio Ketterl (*1859, †1928), el ayuda de cámara del emperador Francisco José anotó que el emperador no volvió a hablar jamás sobre la emperatriz Isabel: „Algunos quieren explicar esta rareza diciendo que Francisco José no quiere remover lo que es irremediable ni siquiera con recuerdos. Otros, culpan a su egoismo y a la frialdad de sus sentimientos. Yo pienso que el emperador se avergonzaba de sus sentimientos y temía que estos pudieran ser tomados como muestra de debilidad. Muchas veces sucedió que sorprendí al emperador mirando con inmensa pesa a la emperatriz que, con su cautivador encanto y desde el retrato que cuelga detrás de su escritorio, parece saludarle…“(29)

María de Redwitz (*9.12.1856, †11.4.1933), dama de honor de la duquesa Amalia en Baviera, hija del duque Carlos teodoro, escribió en su diario: „La emperatriz tenía sesenta años y no estaba es su naturaleza envejecer felizmente. Si hubiera deseado una muerte indolora y después una glorificación sin discusión, tenía que haber acabado como lo hizo. El doctor Christomanos, uno de sus profesores de griego, escribió que ella dijo una vez: „Si he de morir y cuando, eso es secundario. En la vida de cada persona hay un momento en el que uno se muere por dentro, no tiene que ser necesariamente en el mismo momento de la muerte verdadera.““Cuando el deseo de vivir se ha desvanecido, ya se encuentra uno fuera de la vida.“… Así es como esta extraña y enigmática mujer ha dejado la vida en extraordinarias circunstancias. Para la mayoría, ella era demasiado poco banal, y siendo tímida por naturaleza, se alejó de toda ostentación hacia su persona. No acabó de acupar su lugar como madre de su país y no tenía el don, quizás tampoco la comprensión necesaria, para complacer al pueblo. Tan a menudo se ha tomado a mal que siempre e inevitablemente, colocara el abanico frente a su rostro para no dejar ver el paso del tiempo en ella. Ser observada fijamente era algo que le resultaba muy molesto, pero la verdadera razón para esto, era la sensibilidad de sus ojos a la luz y al deslumbramiento, algo de lo que sufrían casi todos los miembros de la familia ducal.“(30)

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Enrique Felipe María de Borbón y Orleans. Foto: @Wikimedia/Commons

Luigi Lucheni reconoció que a quien él quería asesinar realmente era a Enrique Felipe María d´Orleans (*16.10.1867, †9.8.1901). El 10 de Noviembre de 1898 se le condenó a cadena perpetua. Fue un preso extremadamente violento que intentó en varias ocasiones atacar al director de la prisión o a los guardias. Los „recuerdos de mi vida“ que él escribió, le fueron arrebatados. El 19 de Octubre de 1910 fue encontrado muerto en su celda en circunstancias misteriosas. La causa oficial de su muerte es el suicidio aunque, de todas maneras, parece que fue „ayudado“ a suicidarse.

El 31 de Diciembre de 1898 recibió el emperador Francisco José un cuadro regalo del artista húngaro Leopoldo Horovitz (*2.2.1838, †16.11.1917) Valeria apuntó: „El que a papa le parece el mejor.“Nunca ha habido un buen cuadro de mama“ „ningún retrato que le haga justicia“ Y así es con todo lo que se dice o escribe acerca de mama.“ (31)

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Pintura póstuma de Leopoldo Horovitz, regalado al emperador el 31 de Diciembre de 1898. Foto: @Wikimedia/Commons

La emperatriz Isabel pasó en vida tan poco tiempo en Austria, que el luto del pueblo duró bastante poco y ya unos días después del entierro se volvió a la normalidad. Las noticias en los periódicos fueron disminuyendo. Comenzaron a aparecer las primeras biografías (la condesa Larisch, Conte Corti, etc) Se colocaron monumentos.

A este respecto escribió Maria de Redwitz: „Poco después de su muerte, comenzó algo así como una competición entre todos los lugares en los que alguna vez pasó algo de tiempo, para, con mayor o menor gusto, tener una estatua suya. Seguramente ella lo habría prohibido, pues aunque querían de este modo honrarla, no tenían ningún parecido con ella.“(32)

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Tumba de la Archiduquesa Agnes (*/†26.6.1911), Foto: @Hans-Christian Seidel

El 26 de Junio de 1911 dió a luz en Bad Ischl Maria Valeria a su décimo y último hijo: Agnes. La pequeña archiduquesa solo viviría 8 horas. Cuando murió Agnes, Valeria dijo: „Que gran consuelo es pensar que quizás esta pequeña nietecita la guiará finalmente al cielo.“ (33)

Una despedida confortadora.

 

 

 

 


 

                 La emperatriz Isabel hoy

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Programa de la película Sissi de 1955

Habría que esperar hasta el año 1955 hasta que la emperatriz Isabel volviera a la vida. Se habían vivido dos guerras mundiales e innumerables padecimientos cuando el 21 de Diciembre de 1955 la película Sissi llegó a los cines. Romy Schneider y Karlheinz Böhm allanaron a Sisi el camino de vuelta a la vida.

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Posavasos de cartón en el Café Hofburg. Foto: @sternenkaiserin.com

 

Miles de souvenirs, sobretodo el conocidísimo retrato de „Winterhalter con el vestido de las estrellas“ han sido y serán vendidos por todo el mundo. No hay nada que no exista: tazas, vasos, platos, bustos, sellos, dedales, cuadernos, gomas, bolsos, manteles, bombones dulces que llevan su nombre o su imagen.

En 1982 se publicó la biografía sobre la emperatriz Isabel escrita por Brigitte hamann y después se escribieron incontables libros. En 1984 se publicaron por primera vez las poesias de „Titania“, de nuevo por Brigitte Hamann.

Cada año, millones de peregrinos se acercan a la cripta imperial de los Capuchinos y colocan rosas blancas o rojas sobre los sarcófagos de la emperatriz Isabel, el emperador Francisco José y el Príncipe Heredero Rodolfo.

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Cripta de los Capuchinos. Sarcófagos de Sisi, Francisco José (elevado) y Rodolfo (d.i.a.d) Foto: @sternenkaiserin.com

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Foto: @amazon.de

Viena y Austria tienen su cultura. El palacio de Schönnbrunn recibe una avalancha de visitantes casa verano. El 3 de Septiembre de 1992 la emperatriz Isabel volvió a nacer en forma de musical. El 24 de Abril de 2004 y conmemorando el 150 aniversario de su boda, se inaguró el museo Sisi. Es un no parar. Incluso se abren al público nuevas estancias que pertenecieron a los emperadores…

          

                                                           El mito vive.

                                             La emperatriz Isabel vive.

 

-Marie-

 

Antes de acabar este texto definitivamente, os queremos mostrar en exclusiva lo escrito por la directora del hotel Beau Rivage, Fanny Mayer, en su diario. Le damos las gracias de todo corazón a María José que fue quien se desplazó hasta Ginebra y al Director Mayer que nos dió su consentimiento para publicar aqui estas páginas del diario de su abuela.

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Derechos exclusivos. Permiso del director del hotel Beau Rivage, Herr Mayer. Foto: @sternenkaiserin.com

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Derechos exclusivos. Permiso del director del hotel Beau Rivage, Herr Mayer. Foto: @sternenkaiserin.com

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Derechos exclusivos. Permiso del director del hotel Beau Rivage, Herr Mayer. Foto: @sternenkaiserin.com

 


 

Derechos del texto – Tras las huellas de la emperatriz Isabel en Ginebra.
Texto: Maria José
Derechos de imagen: Maria José – Con permiso explícito del director del hotel Beau Rivage
Derechos de los videos: Maria José – Con permiso explícito del director del hotel Beau Rivage


Derechos del texto – Camino histórico de la emperatriz Isabel.
Texto: Marie Festetics, Irma Condesa Sztáray, Leopoldo de Baviera, Michaela y Karl Vocelka, Maria Valéria de Austria, Martha Schad, Eugenio Ketterl, María de Redwitz,
Derechos de imagen: sternenkaiserin.com, Wikimedia/Commons, Hans Christian Seidel, Habsburg.net, Bildarchivaustria.at, delcampe.net, Bücher Ernst, Austria-Forum.org, Charlotte Schwarz, kulturpool.at, x43:service, Clemens Fabry/Die Presse, Family.rothschildarchive.org, lmathieu.wordpress.com, locseitemeto.eoldal.hu, staerkel.at


Literarischer Hinweis:

1 – S 203, 2 – S 206, 3 – S 209, 4 – S 210, 5 – S 219, 6 – S222/3 , 7 – S 227 – 229, 8 – S 230, 9 – S 230, 10, 11 – S 231, 12 – S 234, 13, 14 – S 237, 15 – S 239, 16, 18 – S 240, 21 – S 246, 21a – S 250,Irma Condesa Sztáray
De los últimos años de la emperatriz Isabel (Solo disponible en anticuarios)
Editorial Amalthea, 2004

17 – S 455, 26 – S 463
E.C. Conte Corti
Isabel de Austria, la tragedia de alguien apolítico (Solo disonible en anticuarios)
Editorial Heyne 2. Auflage/15. Edición 1996

19 – S 40, 29 – S 40
Eugenio Ketterl
El viejo emperador como solo uno le vió.
Editorial Fritz Molden, 1980, 1. Edición

20 – S 309, 23 – S 312, 25 – S 312, 26a – S 312/3 27 – S 313, 31 – S 319
Maria Valéria de Austria
El diario de la hija preferida de la emperatriz Isabel.

24 – S 310

Michaela y Karl Vocelka
Francisco José I – Emperador de Austria y rey de Hungría

20 – S 164, 28 – S 164
Leopoldo Príncipe de Baviera
Los recuerdos de mi vida (Solo disonible en anticuarios)
Editorial Friedrich Pustet, 1983

30 – S 257, 31 – S 258
Marie de Redwitz
Crónica de la Corte 1888 – 1921 (Solo disonible en anticuarios)
Editorial Kulturpolitik München 1924

33 – S 112
Martha Schad
La Emperatriz Isabel y sus hijas  Bildband (Solo disonible en anticuarios)
Editorial LangenMüller, 1998, 3. Edición


 

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